Los apológicos inicios del atletismo en Cuba
Los apológicos inicios del atletismo en Cuba

Desde tiempos remotos, el atletismo ha representado para el deporte su concepción básica. En la Grecia Antigua, los atletas se regían por requisitos basados en su conducta hacia y con la sociedad, algo que, a día de hoy, sigue siendo la primicia de quienes ven al atletismo como una forma de vida.

Para Cuba, más allá de su masificación y práctica, el deporte rey simboliza una proa, junto al boxeo, en los diferentes escenarios estivales bajo los cinco aros cada cuatro años. De las 226 medallas (76 oros, 68 platas y 80 bronces) alcanzadas por la delegación de la Mayor de las Antillas, desde Atenas 1896 hasta Río 2016, el campo y pista nacional ha aportado 41 de esas preseas (10 oros, 14 platas y 17 bronces), más que cualquier otra disciplina, excepto el boxeo.

Ahora bien, ¿conocemos realmente cuáles fueron los inicios del atletismo en Cuba?

Para responder esta cuestión es necesario trasladarnos hacia finales del siglo XIX y principios del XX. En aquel entonces, ni por asomo, la práctica del deporte era masiva, pues solo contaba con entes aislados quienes, bajo sus propios medios, degustaban de la actividad física. Uno de ellos, devino en figura histórica del atletismo nacional e internacional y marcó el inicio de una nueva era para el campo y pista en Cuba: Félix de la Caridad Carvajal Soto, más conocido como El Andarín.

Cuenta la historia, que para 1889, Andarín Carvajal, con solo 14 años, era uno de los mejores corredores de la Isla y sus méritos eran trasladados hacia cualquier parte del país, engrandeciendo su leyenda. Aunque había nacido en La Habana, su familia se trasladó a San Antonio de los Baños en busca de mejoras económicas. Fue allí cuando un famoso español, cuyo nombre era Mario Bielsa, retó a cualquier residente del poblado a competir contra él en una carrera de largo fondo.

El paso adelante de Carvajal no se hizo esperar y pactaron la carrera alrededor de la plaza central, hoy conocida como «Parque Martí». La competencia arrancó a las 7 de la mañana y, luego de casi 10 horas, el español Bielsa no pudo aguantar la resistencia del Andarín, quien corrió por más de 12 horas para lograr la victoria y colocar su nombre en varios centros, barrios, revistas y periódicos de la Isla.

Sin embargo, dada las condiciones de la práctica del deporte en la nación, Carvajal no contaba con los medios suficientes para desarrollar su talento. Corría con las botas de trabajar y con pantalones y camisas, además, llevaba siempre un silbato en la boca que no dejaba de sonar mientras corría. En fechas festivas, ejercía de cartero, y muchos cuentan que entregaba las misivas de un lugar a otro siempre corriendo.

Para los Juegos Olímpicos de San Louis 1904, Carvajal, al no tener dinero para pagarse el viaje, comenzó a correr con una camiseta en la que pedía ayuda financiera con el objetivo de costear el viaje a la cita estival. Finalmente, el fondista criollo logró recolectar la cifra requerida para su pasaje pero, tras llegar a New Orleans, Estados Unidos, perdió casi todo su dinero en diversión, mujeres y apuestas, por lo que tuvo que recorrer desde el sur hasta San Louis, eso sí con el auxilio de varias personas.

Una vez en las Olimpiadas, Carvajal se dispuso a participar en la maratón, pero llegó a la línea de meta con botas, pantalón y camisa de magas largas, contario a sus rivales, quienes disponían de la indumentaria características de estas competiciones.

Una historia muy particular, recogida por la prensa de la época, advierte que el Andarín Carvajal lideraba la prueba tras algunos kilómetros pero, tras pasar varias horas sin ingerir alimentos, se vio obligado a detener su paso bajo un manzano que había por la ruta y se comió tres manzanas, las cuales estaban demasiado verdes y le provocaron un fuerte dolor de estómago millas antes de llegar a la meta, Esto impidió que Carvajal ganase la maratón olímpica de San Louis, aunque culminó en la cuarta posición, logro que, hasta la actualidad, no ha sido emulado por algún maratonista criollo.

De la representación nacional que alcanzó Carvajal y su divulgación en los medios, surgió en Cuba un movimiento por la práctica del atletismo de manera organizada. Es en esta etapa cuando, el 3 de diciembre de 1905, se celebra en Cuba la primera competencia de atletismo en Cuba.

En los terrenos del club habana, actual Línea y G, las iniciativas de los estudiantes universitarios y del elenco del Vedado Tennis Club (VTC) devinieron en la instauración del Field Day Atlético, donde se midieron la Universidad de La Habana y el VTC en las pruebas de 50 yardas, 440 yardas, impulsión de la bala, 100 yardas con obstáculos, 100 yardas, 880 yardas, salto de altura, salto de longitud y relevo de 880 yardas. Cabe destacar que este evento inicial del atletismo cubano fue ganado por la Universidad de La Habana.

Sin embargo, no fue hasta el 24 de marzo de 1928 cuando en el Stadium de La Universidad de La Habana se celebró el primer Field Day Atlético para las féminas, representadas por competidoras del Instituto Nacional de Cultura Física y del Instituto de Cultura Física José Martí. El evento fue ganado por el Instituto Nacional  y se concursó en las pruebas de 50 m, salto largo, 100 m, 100 m/cv y 1500 m.

Comenzó así a desarrollarse el atletismo en nuestro país, un deporte que va ligado, intrínsecamente, con la identidad nacional, y que buscará seguir aumentando sus triunfos, esos que desde la leyenda del Andarín Carvajal, no han dejado de suceder.

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Tiempo en: Habana
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